miércoles, 30 de mayo de 2007
martes, 29 de mayo de 2007
BAILANDO MIENTRAS LA VIDA ALCANCE
Por Mondragón Carrillo Brenda
La mirada coqueta y los contoneos seductores la distinguían, su vestido blanco y ligero acompañaba lo sutil de sus movimientos. Y en la mente penetraban los acordes de un buen danzón. Una sonrisa no cabía en su rostro, mientras murmuraba “ hay que bailar, nos mantiene alegres y saludables, hay que bailar mientras sigamos vivos”. Las zapatillas doradas cobraban vida en sus pies, su pareja la llevaba, la traía, la bailaba. Y la dama de blanco no dejaba de sonreír.

Como todo buen sábado, el desfile de los amantes del baile comienza. La Plaza de la Ciudadela se engalana al recibir a los alegres bailarines, que con sus mejores trajes, recuerdan que en baile la edad no cuenta. El cielo nublado y amenazante no importó. Salsa, danzón, mambo y hasta rock & roll cubrían el silencio de la Plaza.
En pareja o grupo, el baile callejero es observado por más de un curioso. Con las manos en los bolsillos de su pantalón café, un caballero miraba tímidamente a los danzantes, sus pies inquietos demostraban el deseo por integrarse al jubilo del bailoteo. Mientras tanto al ritmo de una cachonda salsa, los asistentes presumían sus mejores pasos.
Ordenados, formaditos y al ritmo de la música, un grupo escuchaba al maestro, “izquierda, vuelta, derecha, izquierda, con ganas, vuelta”, unos atendían perfecto a las instrucciones, otros confundían a la izquierda por la vuelta, pero no importaba, seguían sonriendo y lo volvían a intentar.
Al lado, inerte y permanente, la estatua de un personaje histórico parecía también admirar los bellos movimientos de los bailarines. Los árboles se movían, danzaban al par con los asistentes y mientras la abuela disfrutaba un buen danzón, la nieta saboreaba y se chupaba los dedos con unos chicharrones bañados en salsa.
Caía la tarde. Adultos canosos, adolescentes radiantes y niños impacientes salían de los alrededores y tomaban su camino, unos a bailar salsa, otros a mover el cuerpo con un rico danzón. Los rituales mágicos del baile funcionaban como una droga, así lo describía Don Silverio, “si tienes penas o deudas, vienes, bailas y se te olvida, aunque sea un ratito, es como las drogas o una buena borrachera, jajaja”.
Una larga cabellera negra y lacia se deslizaba, su dueña, una sensual mujer vestida de noche, abrazaba a su caballero, sus miradas nunca se alejaron, enamorados aprovechaban los sonidos del jamás pasado de moda danzon. Comenzó a caer la lluvia, pero no importó ni asustó a los ágiles bailadores.
Protegidos bajos lonas amarillas y rojas, los asistentes se aplaudían, se animaban y pedían la siguiente pieza. “Su cooperación es voluntaria señores, y sigamos bailando”, anunciaba aquel encargado de poner los discos. Entre la multitud los elegantes caballeros y las seductoras damas se besan, parece ser que el ritmo y las letras del danzón los inspiraba.
Al otro lado de la plaza, un grupo movía las caderas al ritmo de la sabrosa salsa. El maestro indicaba los pasos, ahí las diversas edades y generaciones se hacían presentes. Al frente dos nenas, de menos de diez años, ponían el ejemplo, movían la cintura alzaban las manos y sacudían los pies. A su lado un joven de unos setenta y tantos años, no se quedaba atrás, atento escuchaba las instrucciones, seguía los pasos y disfrutaba el zapateo.
La lluvia bailaba acompañada por el viento, las hojas de los árboles caían, mientras éstos contoneaban sus ramas. La tarde comenzaba a cubrir la plaza, el día amenazaba con terminar y algunos elegantes asistentes comenzaron a retirarse. En su rostro se reflejaban los gestos de satisfacción y también de cansancio.
Ante la mirada de curiosos y tímidos que no se decidieron a danzar, el sábado bailador transcurrió al ritmo de los viejos y nunca olvidados sonidos mexicanos. Con más de cinco años de antigüedad, la Plaza de la Ciudadela sigue siendo un espacio al aire libre, en donde los gustosos del baile demuestran y enseñan su estilo y gracia para mover el cuerpo.
Una vez más la dama de blanco se distingue, y un poco despeinada comentó “mientras nos alcance la vida aquí estaremos bailando”, después su silueta clara se alejó poco a poco de la academia de baile callejera, hasta perderse totalmente. Y así, en la llamada Plaza del Danzón, primeras, segundas y terceras edades se conjuntaron para el ritual del baile. El próximo sábado es la sígueme cita y todo, todo esto, es mientras haya vida.
UNA TARDE EN LA CIUDADELA
Por TORIZ BELTRAN MARISOL
En la estación del metro Balderas por la que diariamente muchas personas entran, salen o transbordan, pero en especial los días sábados y domingos, un tipo de gente se baja del tren para ir unos cuantos pasos a las afueras de dicha estación. Estas personas buscan un lugar de diversión, de cultura, donde por años se han reunido simplemente para disfrutar del baile.
Hay quienes llegan en microbús, taxi o en su propio automóvil, pero el fin es el mismo, llegar a La Plaza de la Ciudadela, actualmente llamada Plaza José Maria Morelos, rodeada por las calles Enrico Martínez, Emilio Dondé y Balderas, de la colonia Centro, donde podrán un nuevo paso aprender. A espaldas de la Biblioteca México, ubicamos a grandes person
ajes que vienen a pasar una tarde agradable a la delegación Cuauhtemoc.
La edad no importa, sólo es necesario el gusto por el baile, y sino se tiene un conocimiento previo del mismo, no importa, aquí equivocarse o no saber no es situación de burla, al contrario, sobran maestros para bien transmitir su conocimiento y pasión por los diferentes ritmos musicales, entre los que podemos citar al mambo, la salsa y el merengue, por nombrar algunos.
En la Ciudadela, podemos encontrar también artesanías, discos, comida, contrincantes para un buen juego de ajedrez, un buen bolero por si acaso se nos olvido limpiar nuestros zapatos, pero sobre todo, maestros de baile. Por cada espacio que se pueda bailar encontraremos seguramente un diferente ritmo musical que no podremos ignorar, ya sea por lo pegajoso de la música, por el caché que las personas le ponen a su modo de bailar, o por que notamos la dedicación que cada bailarín le pone a su atuendo y arreglo personal.
En la plaza principal se concentran los aficionados al danzón, quienes tienen música en vivo y un buen equipo de sonido, para cuando los músicos tengan que partir o tomar un descanso. Y están preparados por si el clima es cálido o con lluvias, ya que instalan lonas para cubrirse, o bien, de los rayos del sol o de las posibles lluvias que pudieran caer. También decoran con globos, y porque no habrían de hacerlo si se viene a celebrar con alegría y con los amigos de un buen baile.
Al visitar este lugar me di cuenta porque mis papas dicen expresiones como “Y, ¿a eso le llamas bailar?”, o “¿Qué modos de bailar son esos?”, ya que a mí me gusta ir a antros donde tocan generalmente música electrónica, genero que guarda grandes diferencias con el danzón por ejemplo, por los ritmos e instrumentos con los cuales se tocan cada uno. Mientras para producir su sonido, el disc-jockeys solo requiere de máquinas, producto de los avances tecnológicos a finales del siglo XX, la música electrónica se basa en un latido o beat constante con sonidos de síntesis repetitivos, que no tienen letra y no cumplen con la estructura clásica de estrofa-estribillo. Las orquestas que tocan danzón utilizan el ritmo del cinquillo creado con saxofones altos, saxofones tenores, saxofón soprano y el saxofón barítono, en la sección de maderas; para la de los metales utilizan trompetas y trombones, con algunos violines y contrabajos, sin olvidar las percusiones de timbales y el güiro que se complementan con claves. Entre los compositores de danzones encontramos a los cubanos Mariano Mercerón y Arturo Nuñez, pero también surgieron mexicanos como Amador Pérez Torres, el veracruzano Noé Fajardo, José Gamboa Ceballos de Yucatán, Rafael de Paz del estado de Chiapas o Carlos Campos.
Y de los danzones que podemos escuchar bailar por las parejas que sacrifican la velocidad por el estilo, con movimientos sutiles y sin grandes desplazamientos en la pista, dibujando un cuadro o dos cuadros seguidos con los pies en el piso haciendo algunos giros. Pero cuando temas como “Nereidas” de Amador Pérez Torres, “Pulque para dos” o “Acapulco” de Gus Moreno, “Mocambo” de Emilio Renté, “Teléfono a larga distancia” de Aniceto Díaz, “Paludismo agudo” de Esteban Alfonso, “La Negra” de Gonzalo N. Bravo, “Plaza Suave” de Ernesto Domínguez, “Salón México” de Tomas Ponce Reyes o “Acayucan” de Macario Luna hacen una pausa en la música, las parejas les aplauden por un momento, las mujeres se echan aire con su abanico y los hombres aprovechan para acomodar su ropa.
Y es del danzón, este género en especial del que quiero hablarles, me llamo la atención más que la salsa o el mambo por ejemplo, porque quienes se encontraban bailando me transmitieron ese gusto, disfrute, gozo y alegría que va al compás de la música que sale de cada instrumento.
El danzón es un baile cubano que tiene sus orígenes en la fusión de música y bailes europeos, africanos y cubanos. Se deriva de la danza y contradanza europea de finales del siglo XVIII por la migración de españoles, franceses y algunos negros y mulatos de Haití. Reciben influencias del son criollo también, se diferencia del ritmo africano porque posee una mayor libertad expresiva y sensual entre las parejas. Creado por Miguel Failde y Pérez surge en la segunda mitad del siglo XIX propiamente como danzón, y es hasta el siglo XX que se cristaliza.
En México el danzón tiene cuatro etapas de su historia: la primera, desde su llegada hasta los momentos acendrados de la lucha revolucionaria de 1910-1913. La segunda, llevará una influencia definitiva en la evolución de la radio y es relacionado con los primeros pasos de la discografía, tendrá que ver con las formas del divertimento colectivo entre los años 1913 y 1933. Una tercera fase estará asociada con los aparatos reproductores y los espacios recreativos donde se reproducen las sonoridades y las maneras de interpretar el danzón (salones de baile con orquesta), que nos remite desde el año 1935 hasta 1964, cuando dichos salones de baile van a dejar su espacio legítimo a otras zonas de baile que transformarán los modelos de expresión de las danzas y bailes populares.
Por último, puede hablarse de una cuarta etapa de renacimiento de viejas formas que se han reintegrado a los bailes colectivos populares, para defender su existencia y demostrar que el danzón tiene una estructura que lo puede hacer permanente.
Al principio en la Ciudadela se daban clases de lunes a viernes de cuatro de la tarde hasta las siete u ocho de la noche, posteriormente se empezaron a dar los fines de semana, y es como actualmente sigue esta tradición, que todos los sábados y domingos a partir de las diez de la mañana aproximadamente comienzan las clases.
Es muy interesante el atuendo que utilizan, los hombres por un lado, portan un traje de saco holgado y amplias hombreras, o un pantalón de vestir con una camisa, zapatos que se notan por su limpieza y que llaman la atención por sus particulares diseños y colores. Sombrero de ala ancha y copa baja, adornados con una pluma de avestruz, guajolote o faisán, está va colocada del lado izquierdo, la camisa es de cuello alto y en especial usan colores chillantes como los que se usaban más comúnmente en los años cincuentas en nuestro país. Hay quien porta zapatos amarillos, azules, vinos, blancos, negros, cafés, grises, rojos, en diferentes tonos y combinaciones, lo importante es verse bien para la ocasión, son puntiagudos, agujetas de cola de rata y tacón semicubano.
Las damas por su parte no pueden quedarse atrás, traen vestidos por debajo de la rodilla, generalmente, medias, zapatillas, o coordinados de falda y blusa, un abanico en la mano izquierda, el cual por supuesto combina con su atuendo. A algunas de ellas les gustan los estampados y otras optan por los atuendos lisos, pero lo que no puede fallar es el maquillaje, de algunas discreto o ligero, y de otra parte de ellas un poco más cargado por si el baile se prolonga hasta la noche.
Aunque no todos van muy elegantes, hay personas más sencillas que ponen más atención en sus pasos y no tanto en su atuendo, porque su vanidad no precisamente refleja su talento al bailar. Sin duda es un ritmo particular el que este baile tiene, y aunque no hay propiamente un maestro al que todos sigan, como en los demás géneros, es un poco difícil darse cuenta de quien no lleva el ritmo, y entre todos van enseñándose una nueva vuelta, un nuevo paso, la expresión corporal sin duda dice más que mil palabras.
En realidad es un lugar que vale la pena visitar y aprender de el, es gratuito y lo único que se necesita es un poco de curiosidad y quitarse prejuicios que no nos ayudarían a disfrutar un gran baile. Entre los asistentes no sólo encontramos a personas que se encuentran en su madurez, sino también jóvenes y niños, lo cual nos habla de que aquí no se excluye ni discrimina a nadie, todos son bienvenidos. Y realmente con sólo escuchar la música es un poco inevitable mover los pies y tratar de unirse a la fiesta.
Por TORIZ BELTRAN MARISOL
En la estación del metro Balderas por la que diariamente muchas personas entran, salen o transbordan, pero en especial los días sábados y domingos, un tipo de gente se baja del tren para ir unos cuantos pasos a las afueras de dicha estación. Estas personas buscan un lugar de diversión, de cultura, donde por años se han reunido simplemente para disfrutar del baile.
Hay quienes llegan en microbús, taxi o en su propio automóvil, pero el fin es el mismo, llegar a La Plaza de la Ciudadela, actualmente llamada Plaza José Maria Morelos, rodeada por las calles Enrico Martínez, Emilio Dondé y Balderas, de la colonia Centro, donde podrán un nuevo paso aprender. A espaldas de la Biblioteca México, ubicamos a grandes person
ajes que vienen a pasar una tarde agradable a la delegación Cuauhtemoc.La edad no importa, sólo es necesario el gusto por el baile, y sino se tiene un conocimiento previo del mismo, no importa, aquí equivocarse o no saber no es situación de burla, al contrario, sobran maestros para bien transmitir su conocimiento y pasión por los diferentes ritmos musicales, entre los que podemos citar al mambo, la salsa y el merengue, por nombrar algunos.
En la Ciudadela, podemos encontrar también artesanías, discos, comida, contrincantes para un buen juego de ajedrez, un buen bolero por si acaso se nos olvido limpiar nuestros zapatos, pero sobre todo, maestros de baile. Por cada espacio que se pueda bailar encontraremos seguramente un diferente ritmo musical que no podremos ignorar, ya sea por lo pegajoso de la música, por el caché que las personas le ponen a su modo de bailar, o por que notamos la dedicación que cada bailarín le pone a su atuendo y arreglo personal.
En la plaza principal se concentran los aficionados al danzón, quienes tienen música en vivo y un buen equipo de sonido, para cuando los músicos tengan que partir o tomar un descanso. Y están preparados por si el clima es cálido o con lluvias, ya que instalan lonas para cubrirse, o bien, de los rayos del sol o de las posibles lluvias que pudieran caer. También decoran con globos, y porque no habrían de hacerlo si se viene a celebrar con alegría y con los amigos de un buen baile.
Al visitar este lugar me di cuenta porque mis papas dicen expresiones como “Y, ¿a eso le llamas bailar?”, o “¿Qué modos de bailar son esos?”, ya que a mí me gusta ir a antros donde tocan generalmente música electrónica, genero que guarda grandes diferencias con el danzón por ejemplo, por los ritmos e instrumentos con los cuales se tocan cada uno. Mientras para producir su sonido, el disc-jockeys solo requiere de máquinas, producto de los avances tecnológicos a finales del siglo XX, la música electrónica se basa en un latido o beat constante con sonidos de síntesis repetitivos, que no tienen letra y no cumplen con la estructura clásica de estrofa-estribillo. Las orquestas que tocan danzón utilizan el ritmo del cinquillo creado con saxofones altos, saxofones tenores, saxofón soprano y el saxofón barítono, en la sección de maderas; para la de los metales utilizan trompetas y trombones, con algunos violines y contrabajos, sin olvidar las percusiones de timbales y el güiro que se complementan con claves. Entre los compositores de danzones encontramos a los cubanos Mariano Mercerón y Arturo Nuñez, pero también surgieron mexicanos como Amador Pérez Torres, el veracruzano Noé Fajardo, José Gamboa Ceballos de Yucatán, Rafael de Paz del estado de Chiapas o Carlos Campos.
Y de los danzones que podemos escuchar bailar por las parejas que sacrifican la velocidad por el estilo, con movimientos sutiles y sin grandes desplazamientos en la pista, dibujando un cuadro o dos cuadros seguidos con los pies en el piso haciendo algunos giros. Pero cuando temas como “Nereidas” de Amador Pérez Torres, “Pulque para dos” o “Acapulco” de Gus Moreno, “Mocambo” de Emilio Renté, “Teléfono a larga distancia” de Aniceto Díaz, “Paludismo agudo” de Esteban Alfonso, “La Negra” de Gonzalo N. Bravo, “Plaza Suave” de Ernesto Domínguez, “Salón México” de Tomas Ponce Reyes o “Acayucan” de Macario Luna hacen una pausa en la música, las parejas les aplauden por un momento, las mujeres se echan aire con su abanico y los hombres aprovechan para acomodar su ropa.
Y es del danzón, este género en especial del que quiero hablarles, me llamo la atención más que la salsa o el mambo por ejemplo, porque quienes se encontraban bailando me transmitieron ese gusto, disfrute, gozo y alegría que va al compás de la música que sale de cada instrumento.
El danzón es un baile cubano que tiene sus orígenes en la fusión de música y bailes europeos, africanos y cubanos. Se deriva de la danza y contradanza europea de finales del siglo XVIII por la migración de españoles, franceses y algunos negros y mulatos de Haití. Reciben influencias del son criollo también, se diferencia del ritmo africano porque posee una mayor libertad expresiva y sensual entre las parejas. Creado por Miguel Failde y Pérez surge en la segunda mitad del siglo XIX propiamente como danzón, y es hasta el siglo XX que se cristaliza.
En México el danzón tiene cuatro etapas de su historia: la primera, desde su llegada hasta los momentos acendrados de la lucha revolucionaria de 1910-1913. La segunda, llevará una influencia definitiva en la evolución de la radio y es relacionado con los primeros pasos de la discografía, tendrá que ver con las formas del divertimento colectivo entre los años 1913 y 1933. Una tercera fase estará asociada con los aparatos reproductores y los espacios recreativos donde se reproducen las sonoridades y las maneras de interpretar el danzón (salones de baile con orquesta), que nos remite desde el año 1935 hasta 1964, cuando dichos salones de baile van a dejar su espacio legítimo a otras zonas de baile que transformarán los modelos de expresión de las danzas y bailes populares.
Por último, puede hablarse de una cuarta etapa de renacimiento de viejas formas que se han reintegrado a los bailes colectivos populares, para defender su existencia y demostrar que el danzón tiene una estructura que lo puede hacer permanente.
Al principio en la Ciudadela se daban clases de lunes a viernes de cuatro de la tarde hasta las siete u ocho de la noche, posteriormente se empezaron a dar los fines de semana, y es como actualmente sigue esta tradición, que todos los sábados y domingos a partir de las diez de la mañana aproximadamente comienzan las clases.
Es muy interesante el atuendo que utilizan, los hombres por un lado, portan un traje de saco holgado y amplias hombreras, o un pantalón de vestir con una camisa, zapatos que se notan por su limpieza y que llaman la atención por sus particulares diseños y colores. Sombrero de ala ancha y copa baja, adornados con una pluma de avestruz, guajolote o faisán, está va colocada del lado izquierdo, la camisa es de cuello alto y en especial usan colores chillantes como los que se usaban más comúnmente en los años cincuentas en nuestro país. Hay quien porta zapatos amarillos, azules, vinos, blancos, negros, cafés, grises, rojos, en diferentes tonos y combinaciones, lo importante es verse bien para la ocasión, son puntiagudos, agujetas de cola de rata y tacón semicubano.
Las damas por su parte no pueden quedarse atrás, traen vestidos por debajo de la rodilla, generalmente, medias, zapatillas, o coordinados de falda y blusa, un abanico en la mano izquierda, el cual por supuesto combina con su atuendo. A algunas de ellas les gustan los estampados y otras optan por los atuendos lisos, pero lo que no puede fallar es el maquillaje, de algunas discreto o ligero, y de otra parte de ellas un poco más cargado por si el baile se prolonga hasta la noche.
Aunque no todos van muy elegantes, hay personas más sencillas que ponen más atención en sus pasos y no tanto en su atuendo, porque su vanidad no precisamente refleja su talento al bailar. Sin duda es un ritmo particular el que este baile tiene, y aunque no hay propiamente un maestro al que todos sigan, como en los demás géneros, es un poco difícil darse cuenta de quien no lleva el ritmo, y entre todos van enseñándose una nueva vuelta, un nuevo paso, la expresión corporal sin duda dice más que mil palabras.
En realidad es un lugar que vale la pena visitar y aprender de el, es gratuito y lo único que se necesita es un poco de curiosidad y quitarse prejuicios que no nos ayudarían a disfrutar un gran baile. Entre los asistentes no sólo encontramos a personas que se encuentran en su madurez, sino también jóvenes y niños, lo cual nos habla de que aquí no se excluye ni discrimina a nadie, todos son bienvenidos. Y realmente con sólo escuchar la música es un poco inevitable mover los pies y tratar de unirse a la fiesta.
EN LA CIUDADELA EL AMOR HALLÉ
Amor…palabra difícil de conceptuar y describir, ¿acaso sólo se refiere al sentimiento que se expresa hacia las personas? La respuesta, que una mujer de edad avanzada y ánimo vigoroso ha encontrado en la Plaza de la Ciudadela de México, es un rotundo no. Marina a sus 61 años ha logrado descubrir respuestas a cuestionamientos que de forma inconsciente la vida le ha obligado a realizarse, “pensaba que sin él…mi mundo se acabaría, pero después de venir aquí descubrí que amo más el baile” (risas).
Sábado 12 de mayo, Plaza José María Morelos (mejor conocida como Plaza de la Ciudadela), se puede ver la gente de diferentes edades reunida en grupos, buscando un mismo fin: disfrutar un día completo de baile, por pasión a él o aspiración de aprender a manifestarlo de una mejor forma; el clima parece no favorecer pues el cielo se ve nublado y han comenzado a caer ligeras gotas sobre los rostros y trajes que hacen elogio al principal baile ejecutado en este recinto, el danzón.
En las áreas que rodean los jardines se hallan grupos de salsa, mambo y hasta danza prehispánica, ni habar, aquí sólo hay de dos sopas o te quedas observando y admirando lo que se hace en cada clase o le entras a una, nada más recuerda… bailando y cooperando de a cinco pesitos, como dice una voz grave a través del altavoz. Entre pasos de danzón (cuadro, columpio, acordeón y rondón) se halla Marina quien cansada de bailar éste, desde las once de la mañana, ha decidido ir a la lona de enfrente.
Entre una pieza y otra Marina sin temor alguno comenta sobre su vida – ha dejado de sonar el merengue es momento de saber que su matrimonio duró 29 años, en el que tuvo 3 hijas, “a mi me ha gustado el baile desde chica, pero a mi marido no, nunca me prohibió ir a bailar pero tenía que atender el negocio, así que pues por mucho tiempo no fui a fiestas”. Después de años la vida marital se vio truncada por una tercera persona, su marido la engañó y ella decidió pedir el divorcio.
De lo anterior hace ya dos años, la depresión comenzó a calarle, sentía que su vida no tenía más razón de ser, pero hubo una persona que hace un año la invitó a la Ciudadela, desde entonces “mi vida cambió hasta me siento mejor, ya ni le hago caso a las enfermedades, de mi marido ni que hablar…ya no me interesa, por mi que se quede con la otra, porque yo amo el baile”.
Marina una mujer que no representa su edad, pues aún calza altos tacones y luce en su rostro la jovialidad y alegría que se presume sólo tienen los jóvenes, no sólo se dedica a bailar en este lugar, también acude cada domingo al jardín del Auditorio Nacional, aún cuando le lleguen los achaques de la edad ella finge no tenerlos, todo sea por que sus hijas le permitan seguir asistiendo.
Aunque el amor hacia una persona se apagó en un momento por diversas circunstancias, Marina halló uno nuevo… el baile, la pasión de moverse y sentir cada nota que mueve sus pies, sus brazos, su cuerpo completo, porque no sólo se ama a las personas, se ama a las cosas que hacemos y todo lo que nos rodea, se ama a la vida misma. Cada día de baile inspira a un día más de vida “no si ya nada más de pensar que se viene el fin de semana me emociona bastante, aquí tengo muchos amigos”.
La razón de que la edad de la mayoría de los asistentes oscile entre los 50 y 60 años, no es otra que el rejuvenecer, sentir el amor de vivir y saber que la diversión y alegría no se va con los años, el llegar a la vejez no implica abandonarse en una silla mecedora en plenos rayos del sol, porque los sentimientos al igual que la música jamás envejecen. Marina y sus compañeros de baile son una lección de vida para todos aquellos que asisten a la Plaza.
El bailar en la Ciudadela no sólo es aprender o demostrar buenos pasos, es cultivarse de la vida para saber llevarla, es conocer gente que está más que dispuesta a compartir sus experiencias, y sobre todo es amar algo que no se considera tangible “no dejen de venir, nunca dejen de bailar o hacer lo que más aman, porque sólo así uno se mantiene viva”.
Sábado 12 de mayo, Plaza José María Morelos (mejor conocida como Plaza de la Ciudadela), se puede ver la gente de diferentes edades reunida en grupos, buscando un mismo fin: disfrutar un día completo de baile, por pasión a él o aspiración de aprender a manifestarlo de una mejor forma; el clima parece no favorecer pues el cielo se ve nublado y han comenzado a caer ligeras gotas sobre los rostros y trajes que hacen elogio al principal baile ejecutado en este recinto, el danzón.
En las áreas que rodean los jardines se hallan grupos de salsa, mambo y hasta danza prehispánica, ni habar, aquí sólo hay de dos sopas o te quedas observando y admirando lo que se hace en cada clase o le entras a una, nada más recuerda… bailando y cooperando de a cinco pesitos, como dice una voz grave a través del altavoz. Entre pasos de danzón (cuadro, columpio, acordeón y rondón) se halla Marina quien cansada de bailar éste, desde las once de la mañana, ha decidido ir a la lona de enfrente.
Entre una pieza y otra Marina sin temor alguno comenta sobre su vida – ha dejado de sonar el merengue es momento de saber que su matrimonio duró 29 años, en el que tuvo 3 hijas, “a mi me ha gustado el baile desde chica, pero a mi marido no, nunca me prohibió ir a bailar pero tenía que atender el negocio, así que pues por mucho tiempo no fui a fiestas”. Después de años la vida marital se vio truncada por una tercera persona, su marido la engañó y ella decidió pedir el divorcio.
De lo anterior hace ya dos años, la depresión comenzó a calarle, sentía que su vida no tenía más razón de ser, pero hubo una persona que hace un año la invitó a la Ciudadela, desde entonces “mi vida cambió hasta me siento mejor, ya ni le hago caso a las enfermedades, de mi marido ni que hablar…ya no me interesa, por mi que se quede con la otra, porque yo amo el baile”.
Marina una mujer que no representa su edad, pues aún calza altos tacones y luce en su rostro la jovialidad y alegría que se presume sólo tienen los jóvenes, no sólo se dedica a bailar en este lugar, también acude cada domingo al jardín del Auditorio Nacional, aún cuando le lleguen los achaques de la edad ella finge no tenerlos, todo sea por que sus hijas le permitan seguir asistiendo.
Aunque el amor hacia una persona se apagó en un momento por diversas circunstancias, Marina halló uno nuevo… el baile, la pasión de moverse y sentir cada nota que mueve sus pies, sus brazos, su cuerpo completo, porque no sólo se ama a las personas, se ama a las cosas que hacemos y todo lo que nos rodea, se ama a la vida misma. Cada día de baile inspira a un día más de vida “no si ya nada más de pensar que se viene el fin de semana me emociona bastante, aquí tengo muchos amigos”.
La razón de que la edad de la mayoría de los asistentes oscile entre los 50 y 60 años, no es otra que el rejuvenecer, sentir el amor de vivir y saber que la diversión y alegría no se va con los años, el llegar a la vejez no implica abandonarse en una silla mecedora en plenos rayos del sol, porque los sentimientos al igual que la música jamás envejecen. Marina y sus compañeros de baile son una lección de vida para todos aquellos que asisten a la Plaza.
El bailar en la Ciudadela no sólo es aprender o demostrar buenos pasos, es cultivarse de la vida para saber llevarla, es conocer gente que está más que dispuesta a compartir sus experiencias, y sobre todo es amar algo que no se considera tangible “no dejen de venir, nunca dejen de bailar o hacer lo que más aman, porque sólo así uno se mantiene viva”.
UNA AGRADABLE ALTERNATIVA DE RECREACIÓN
Por Pineda Dorantes Carla Daniela
Es una tranquila tarde de sábado, de esas en las cuales no se sabe ni que hacer para entretenerse o simplemente se desea pasar un buen rato en compañía de la familia, de los amigos, de la pareja y de hasta...porque no con uno mismo , “cholito” como se dice, meditando o disfrutando de un buen libro.Perfecto, la Plaza de la Ciudadela en el Centro de la Ciudad de México, aquel lugar, el cual en tiempos de la Revolución Mexicana se utilizó con propósitos militares, es ahora la opción acertada para esos fines de semana y salir de la rutina; como el señor Benjamín a quien le gusta visitar la Ciudadela después de su trabajo de redactor en la estación de Radio Reporte 98.5 para relajarse.
¡Hemos llegado! Es la estación Balderas de la línea 1 o “la rosita” como muchos la conocen, un punto cercano y accesible para quien venga de cualquier sitio de la Ciudad, pues se encuentra en pleno centro a unos pasos de la estación ya mencionada que se convirtiera en memorable por su canción alusiva compuesta e interpretada por Rockdrigo González, una gran leyenda del rock mexicano.
Al salir nos topamos con un pasillo, el cual es necesario recorrer para llegar a la Plaza.
En este pasillo se encuentran aglomerados numerosos puestos con la venta de todo tipo de libros y revistas pasadas en su mayoría; así como pulseritas, colgandijos, cinturones, artesanías o comida.
“Quío bolee” de Jordi Rosado, “¿Porqué los hombres aman a las ca...”,(esta bien dejémonos de actitudes tan propias) el libro se llama “¿Por qué los hombres aman a las cabronas?”, “Drácula” de Bram Stoker y antologías de autores como Franz Kafka y Edgar Alan Poe, además de abundantes libros de superación personal son algunos de los ejemplares más vistosos ante los ojos de los visitantes.
Muchos de los vendedores de estos libros pueden hasta casi adivinar el tipo de personalidad de una persona por los títulos que pide:
-¿Tiene algún libro sobre vampiros o algo así?-
-“Claro, mira éste. Oye por el título que pediste suenas como si fueras una persona inestable emocional, ¿es así o me equivoco?-“expresó seguro de su intuición uno de los tantos vendedores de libros en aquel pasillo a un costado de la Biblioteca México.
En algunos de estos puestos también se pueden encontrar cancioneros, una especie de libritos con la letra de las canciones de artistas como Metallica, Placebo, The Cure, del extravagante Marilyn Manson, Nirvana y otros más, para no “Washawasear” a la hora de cantar las canciones de estos exponentes de la música y saber lo que dicen en español.
Casi al final de este pasillo y ya de frente a la Plaza
de la Ciudadela se encuentran las adivinas quienes a través de la baraja le pueden decir a los crédulos como será su futuro marido o cuantos hijos procreará.
A llegado ahora sí el encuentro con la Plaza de la Ciudadela, después de ese recorrido. Diversas emociones invaden todo el que arriba hacia esta plaza pues existen un sin fin de opciones para el entretenimiento.
Niños, abuelos, madres, padres, jóvenes están ahí dispersos entre la biblioteca, las áreas de comida, clases de baile, la danza prehispánica...
Bancas dispersas dentro de toda la Plaza, invadidas por la fresca sobra de los árboles, donde personas platican, enamorados se confiesan o transmiten amor, mamas vigilantes de sus hijos que juegan y corren por todos los rincones, lectores quienes con un libro pierden por completo la noción de todo y guardan en su rostro la incertidumbre de cambiar de página constantemente y dormilones que no pierden el momento para recostarse en las bancas y olvidarse del mundo.
Más adelante en el mismo centro de la plaza, a las faldas del monumento a Morelos, se observan las clases de baile, no se trata de ningún centro cultural o casa de baile, es ahí en medio de la Plaza.
Pisotones, 2 pies izquierdos en acción, caras frustradas y la falta de ritmo para sentir correctamente la música se percibe si se es un inexperto en la materia del baile. De lo contrario será sumamente grato aprender de nuevos pasos con la ayuda de los instructores que con sólo un sonido y sus mejores intenciones de enseñar pueden hacer bailar hasta a un “palo de escoba”.
Al son de un sabroso ritmo tropical o salsa y a la elegancia del danzón, baile del cual no sólo participan abuelitos sino hasta jóvenes aprendices; se puede mover el bote a todo lo que da.
Pero aparte de todos estos ritmos, tampoco hay que dejar atrás las danzas prehispánicas; numerosas personas se juntan alrededor de tambores que hipnotizan y contagian con su exotismo a todo escucha o curioso. Las personas saltan con espinilleras llenas de cascabeles en sus piernas que suenan al compás de los tambores; la personas emiten un “jeu” cada vez que se acercan al centro del círculo. Invade un intensa emoción que es imposible no querer integrarse a la envolvente energía de los danzantes.
Así es una tarde en la Ciudadela, una tarde que se puede convertir en inolvidable como le pasó a José Antonio, un joven visitante quien afirma le gusta mucho visitar este sitio porque ahí le declaró amor por vez primera a su actual novia y cada vez que llega al lugar no puede evitar recordar ese agradable episodio en su vida.
Es interesante saber que después de haber sido un refugio de rebeldes contrarrevolucionarios en la Revolución Mexicana, la Ciudadela es hoy por hoy un sitio de recreación para todas las personas, que al final de su visita les es inevitable no pensar en volver de nuevo.
FOTOS CIUDADELA

En esta imagen podemos ver la cantidad de zapatos de épocas pasadas que se venden a los alrededores de la Plaza Ciudadela, pues siempre habra compardores, gracias a ellosno se perdera la tradicion de esas vestimentas.
Coloridos zapatos para ir a echarte un buen bailecito en el Centro de la Ciudadela. Podemos verzapatos en color amariilo hasta morados, combinados, de charol, de brillos, en fin puedes encontrar zapatos de diversos modelos.
Como podemos apreciar siempre hay garn cantidad de gente, pues tods quieren ver y talves aprender de las demas personas que van a darse un buen baile. Con toda la disposicion la gente baila, sin ningun tipo de pena, tenian que ser personas de edad adulta y personas adultas.
El baile es algo que en esta Plaza es vital, pues el lugar se caracteriza por que cada ocho dias la gente se reune para pasar un rato agradable, en compañia de su pareja o en el mejor de los casos solo.Además de una buena opción para aquellas personas que son de edad avanzada, me refiero a los cabecitas blancas, pues es una actividad en la que se pueden distraer facilmente; además de que aprovechan para balar y simplemente escuchar musica de sus tiempos.
.jpg)
Lo unico que falta para que sea un verdadero salon de baile son unas buenas luces, pero no le pide nada a un salón, pues el sabor que le pone la gente al baile, es único.


Esta pareja es un ejemplo de como se divierten, como podemos apreciar no es necesario que se lleve a cabo el gran evento, pues las parejas se visten con sus mejores galas para darle un rato gusto al cuerpo.

Son varios generos los que podemos encontrar en el Plaza de la Ciudadela, como merengue en este caso la fotografia muestra como la gente trata de aprender unos pasos de este genero musical.
miércoles, 16 de mayo de 2007
Podemos ver que la gente que visita más la ciudadela para darse un buen baile, son de la delegacion Cuahtemoc, dentro de las cuales hay más gente que asiste desde hace 7 años,le sigue los que la visitan hace 3 años, y el menor porcentaje son los que la visitan dese ahce 5años.

Las gráficas son importantes pues nos dan de emanera más sencilla información, interpretando los datos que se nos muestran.

Podemos interpretar que hay
mucha poblacion que lleva visitando la ciudadela por muy poco tiempo, alrederor de menos de un año.
Y el menor porcentaje está en
la población que lleva asistiendo aproximadamente unos 5 años, le sigue los de un año, y podemos ver un equlibrio más o menos entre los que visitan el lugar entre 2 años y 4 años.
Es importante destacar que el sexo masculino es el que asiste más al centro de la Ciudadela para darse el gusto de bailar; y por el contrario las mujeres aunque parezca raro, son las que menos asisten.
Aunque no es muy marcada la diferencia, de asistencia , aun asi podriamos decir, que las mujeres no hacen acto de presencia, pues como sabemos siempre tienen cosas que hacer en el hogra.
En la grafica se puede interpretarque a las mujeres no se les da eso de visitar, la ciudadela esto se puede apreciar pues a simple vista , si observas detenidamente a toda la gente presente, es notorio que hay más pobalcion de hombres.
Es importante destacar que el sexo masculino es el que asiste más al centro de la Ciudadela para darse el gusto de bailar; y por el contrario las mujeres aunque parezca raro, son las que menos asisten.Aunque no es muy marcada la diferencia, de asistencia , aun asi podriamos decir, que las mujeres no hacen acto de presencia, pues como sabemos siempre tienen cosas que hacer en el hogra.
En la grafica se puede interpretarque a las mujeres no se les da eso de visitar, la ciudadela esto se puede apreciar pues a simple vista , si observas detenidamente a toda la gente presente, es notorio que hay más pobalcion de hombres.
Como se ve en la grafica en la delegacion Cuauhtemoc, hay gente que tiene menos de un año de ir a este lugar, como gente que va desde hace 5 ó 7 años. Y la delagacion Tlatelolco por ejemplo que tambien asiste a la Ciudadela, va pero esta gente tiene 3 años de visitarla. Y asi podemos encontrara casos en los que la poca gente que va de cada delagcion no tiene más de 3 años sistiendo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
